El problema no es el dólar, sino la capacidad de pago de la Deuda Pública ¿Por qué?

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El problema no es el dólar,  el tipo de cambio real peso-dólar ya se encontraba por encima del promedio diario histórico desde 1997  a la fecha, por lo cual tenía un valor competitivo. Puede ser que al 40% de los votantes que no les gusta Alberto Fernández como presidente,  aumenten la demanda de dólares. Sin embargo, a los inversores (los que mueven el amperímetro) no les interesa si el futuro presidente es Alberto Fernández o un “dictador”, lo que buscan es rentabilidad.

La mayor presión en la suba del tipo de cambio se dio a partir de la caída en precio de los bonos argentinos, el problema se encuentra en que la capacidad de pago de la deuda pública está siendo seriamente cuestionada, el país no genera los dólares necesarios para poder pagar la misma. Y al estar una gran parte de ella colocada en los mercados internacionales (deuda externa), la menor desconfianza en cuanto a la solvencia o liquidez del país para afrontar los pagos de las amortizaciones e intereses hace que los inversores en manada vendan los bonos generando una caída en el precio de estos.

El voto en las urnas fue un aviso de que las “actuales políticas económicas” no son viables socialmente. Los argentinos no votaron para felicitar a sus dirigentes por sus compromisos éticos, votaron por dirigentes que se atrevan a realizar los cambios necesarios. Ante la falta de alternativas, finalmente la sociedad prefirió votar por Alberto Fernández que por el mensaje “del ajuste y de las reformas en materia laboral y previsional”, cuyo mensaje llega luego de quitarle el trabajo y cerrar las fuentes de trabajo a una gran parte del electorado. Estos cambios necesarios para la sociedad radican en generar las políticas necesarias para que el país vuelva a crecer luego de 8 años de estancamiento. Para que los hogares vuelvan a contar con trabajo e ingresos suficientes para atender sus necesidades.

Entonces un cambio de gestión que desee realizar políticas distintas a las actuales debería reestructurar la deuda pública haciendo que las “condiciones del endeudamiento” y el “perfil de vencimientos de amortización e intereses” sean compatibles con un sendero “posible y sostenible de crecimiento”.  Por lo cual los inversores ante la anticipación de un cambio en la gestión venden los bonos (ante la posibilidad de un default o de una reestructuración que no saben cómo será) lo cual genera una caída en el precio de los bonos, esta caída provoca un aumento de la tasa de interés interna de retorno (TIR) de los bonos. El riesgo país aumenta ya que este se mide como la diferencia entre la TIR promedio que pagan los bonos de los Estados Unidos y la TIR promedio de los bonos argentinos. Entonces al caer los precios de los bonos, la  TIR de los bonos aumenta y consigo el riesgo país.  Luego este último nuevamente refuerza la caída en el precio de los bonos.

Si el riesgo país llega a valores elevados, entonces es muy probable que el gobierno no consiga fondos en los mercados de crédito, por lo cual aumenta la probabilidad de una posible crisis de liquidez si el BCRA no cuenta con las reservas internacionales necesarias.

Por otra parte, en el mercado interno los inversionistas con los recursos que obtuvieron por la venta de los bonos compran dólares, aumentando el tipo de cambio. Luego el aumento del tipo de cambio es reforzado por el aumento del riesgo país, la salida de depósitos en pesos y de otros instrumentos por parte de los inversionistas. Así el cuestionamiento de la “capacidad de pago de la deuda pública”, atenta contra el tipo de cambio.

                                       ¿Qué debe hacer el actual o futuro gobierno?

El gobierno debe ordenar el desastre que armo en el perfil de pagos del endeudamiento, debe dar previsibilidad de que la deuda se va a pagar. Es decir, debe reestructurar la deuda en los próximos días, sino lo hace, el próximo gobierno deberá hacerlo. Esto daría previsibilidad financiera, evitaría nuevos ataques contra el dólar y armaría una nueva estructura temporal de tasa de interés[1]. Para esto debe convocar los próximos días a los cuadros técnicos de los distintos frentes a fin de “comenzar a abordar a un esquema de reestructuración de la deuda soberna” consensuado por todo el arco político. De no hacerlo dejará al tipo de cambio en la mirada telescópica de los especuladores financieros.

El gobierno también debe dar certeza a la población respecto del empleo y el nivel de actividad.  En economía existen dos herramientas para hacer crecer el nivel de actividad: a) Política Fiscal (Aumentar el Gasto Público); b) Política Monetaria (vía emisión monetaria disminuir la tasa de interés); c) o bien una combinación de ambas. Si el gobierno no quiere aumentar el gasto público porque hay un elevado déficit fiscal, entonces debería incentivar el crédito (política monetaria). Por lo cual el BCRA debe inyectar dinero a los bancos públicos para que estos otorguen préstamos a las empresas y hogares, permitiendo así vía aumento del consumo e inversión recomponer el nivel de actividad y empleo. Por lo cual, en términos de gestión, la política monetaria debería utilizarse para comenzar a bajar la estructura temporal de la tasa de interés local y hacer fuerte al peso. Cuando más créditos se encuentran nominados en la moneda doméstica (peso) más fuerte será la moneda.

Con respecto a la emisión monetaria y la inflación, en el peor de los casos es preferible la inflación a una crisis social. Sin embargo, dicha relación entre emisión e inflación no es tan directa. Dos casos particulares son Japón y Argentina. En Japón la oferta monetaria se incrementó fuertemente entre los año 2005 y 2017, creció en 49 puntos porcentuales respecto del PIB y, sin embargo, hubo “deflación” (caída de los precios). Con respecto a la Argentina, a diferencia de los que dicen los medios de comunicación, para el mismo periodo la oferta monetaria no se incrementó, por el contrario, cayó levemente respecto del PIB y hubo una inflación de 1.230 %[2]. El nivel de precios de ambos países no se explica por la emisión monetaria.  Por otra parte, los ingresos provenientes de la emisión monetaria no pueden seguir siendo tratados como endeudamiento público, esto es sincerar los famosos “adelantos transitorios” (préstamos del BCRA al gobierno nacional). Técnicamente esto es pasar recursos que eran considerados como deuda pública a ingresos.

Sin embargo, es importante establecer reglas de emisión que sean compatibles con el “sendero de crecimiento”, estos recursos deben ser utilizados para incentivar la demanda u oferta según considere el BCRA y el ministerio de Hacienda. Los mecanismos de transmisión deben ser claros y transparentes. Si esta emisión crece en la misma cuantía que el producto no tendría que haber inflación.

En la actualidad las contingencias derivadas por las catástrofes naturales o climáticas han aumentado su probabilidad de realización, por lo cual deben ser una “excepción a las reglas” y deben ser financiadas 100% con emisión monetaria.

Estas son las cuestiones sobre las cuales la población y los inversores necesitan tener certezas. Las cuales radican en decisiones de política económica.

[1] El gobierno debería tomar esta estructura de tasas de interés como una referencia de tasas máximas.

[2] En base a los datos del Banco Mundial.

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